domingo, 6 de noviembre de 2016

La Iglesia y el pan para los pobres de posguerra

La Iglesia católica y el pan para los pobres de la posguerra

Que el mundo está repletos de desagradecidos es un hecho evidente. ¿A cuantos niños pobres del medio rural de nuestra Andalucía sacó la Iglesia de la miseria ofreciéndole la oportunidad de estudiar el bachiller gratis en sus seminarios menores en las décadas de los años 40, 50 y 60? 

Eran años atroces para España, el hambre campeaba por doquier, el 70% de la población española estaba considerada como subdesarrollada, pasaban hambre de comer y hambre del intelecto. Los conventos estaban a rebosar de monjes y monjas buscando más una comida caliente diaria que algún arrebato místico. Los seminarios menores abundaban de niños que querían ser curas, pero que la mayoría de ellos lo que deseaban en realidad era obtener el título de bachillerato elemental necesario para estudiar después magisterio o practicante (ATS). 
En el seminario menor de Sanlúcar de Barrameda, había 300 internos entre 11 y 17 años de edad. En el seminario menor de Jaén, en el año 1964, había registrado 509 alumnos. Una parte de ellos eran de pago y otra parte eran "becados" como se dice ahora.

Un alto porcentaje de estos alumnos que no pasaban a un seminario mayor para continuar los estudios de sacerdocio se salían al terminar la reválida y se colocaban de oficinistas o dependientes para poder pagarse después una  carrerita corta, de dos años, necesaria para poder trabajar.

Era una práctica habitual que los párrocos del medio rural, con el indispensable apoyo del maestro de escuela, escoger a un niño pobre pero espabilado y aplicado,  para recomendar  a sus padres que lo enviaran a un seminario menor, generalmente en la capital, para estudiar gratis el bachillerato y si "servía" continuar la carrera sacerdotal. Una lotería para esa familia sumida en la miseria, una boca menos que alimentar y un posible hijo con carrera.

Conocí a varios de estos estudiantes sin recursos que aprovecharon  bien la oportunidad que la Iglesia les ofreció. Algunos, hoy día, son buenos sacerdotes y otros salieron del seminario  maldiciendo las humillaciones que les hacían padecer algunos profesores cuando cometían travesuras: "Que te devuelvo a tu pueblo para cuidar cabras"- les amenazaban y ellos callaban llenos de rabia. Estos que se salieron, quizá no todos pero sí la mayoría, se convirtieron en unos furibundos agnóstico y ateos, quizá como un desquite  a sus pasadas miserias como curitas ( era el nombre coloquial de estos pequeños estudiantes vestidos de sotanitas negras y una estola roja)

Recordemos que en aquella triste etapa de la larga posguerra los niños, por necesidad, eran muy maduros y se daban cuenta que si se quedaban junto a sus padres tendrían una vida asegurada de miserias y penalidades mientras que si estudiaban podía llegar a ser, el día de mañana,  un practicante, un maestro de escuela o un oficinista en un banco.

Eran otros tiempos, ahora la Iglesia católica no tiene seminaristas y hasta que no se recicle y admita a sacerdotes casados irá en descenso en número de vocaciones. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario