lunes, 5 de septiembre de 2016

El día de Carlos

El día de Carlos

Carlos fue obsequiado con un magnífico día. Eran las ocho, lucía un sol espléndido y una temperatura suave envolvía su cuerpo. De camino al trabajo, en la calle Arcos, bajo un lujoso coche aparcado junto a la acera, encontró un elegante bolso. Fantaseó ¿conocería a la mujer de su vida cuando devolviera el bolso a su propietaria? Lo abrió para buscar la dirección.
Sucesos del día: "Un paquete bomba estalló esta mañana en la calle Arcos destrozando el cuerpo de un viandante"


Pilar

Pilar se encontraba muy nerviosa, no pudo dormir durante la noche; cuando estaba sumergiéndose en el agradable sopor del sueño la claridad de un nuevo día perturbó su descanso pugnando por colarse a través de los mal ajustados postigos del balcón. Se levantó de la cama, tomó una reconfortante ducha y se arregló como hacía tiempo que no lo hacía.
Pilar salió a la calle y se dirigió al Gran Café. El local estaba decorado con gusto, los colores predominantes eran blanco y  naranja pastel. De espaldas a la puerta de entrada a la cafetería un hombre leía el periódico; su chaqueta azul marino y su cabello coquetamente largo y canoso eran su contraseña.
-Buenos días -dijo Pilar con la cortedad de una colegiala
-Buenos días ¿usted es Pilar, supongo? - preguntó el caballero levantándose para estrecharle la mano.
Tras el saludo se sentaron uno frente al otro y se observaron con pudicia. Se oía el silencio hasta que la voz suave del hombre rompió el arrobamiento.
-Lo mejor es hablarnos de tú ¿no le... te parece? 
Por supuesto. Si hemos acudido a una cita a ciegas para conocernos debemos romper con todos los convencionalismos.
Deduzco -dijo por comenzar una conversación- que tu eres un habitual de Internet ya que leíste mi post.
-Así es, tengo tiempo de sobra y soy un habitual a este medio social. 
-¿Has tenido más entrevistas?
-Para serte sincero he tenido una media docena de citas en este mismo lugar. Pero las señoras que acudían o eran unas frescas o eran unas simples. A ti te veo diferente, tienes un aspecto que me agrada.
-Gracias por tu cumplido. Tu tampoco me caes mal.
-A propósito ¿qué podemos hacer esta mañana?
-Yo pensaba ir al centro comercial para hacer unas compras. Soy una consumidora compulsiva, no tengo remedio.
-Me encanta ir  también de compras. Después iremos a comer a un restaurante  para después ir al cine si te apetece.
Una idea genial ¿ nos vamos?
-¡Olvidé lo más importante! Mi nombre es Rafael Vilallonga, director de una inmobiliaria y mi edad ¿te la digo?, sí, tengo 46 años. Estoy soltero y sin nada a la vista.
-Ahora me toca a mí. Me llamo Pilar Otaola, maestra recién jubilada. Tengo 62 años recién cumplidos, viuda y sin hijos.

Pilar sentía por todo su cuerpo un hormigueo debido a un temor  deconocido y de un deseo carnal que le hacía sentirse viva. Desde que murió su marido, hacía seis años, nunca había estado con un hombre. ¿Qué harían después del cine? ¿Podría a su edad ofrecer un oasis de felicidad entregando su cuerpo a Rafael? ¿Sería capaz de disfrutar de un orgasmo a su edad? ¿Existe un límite de edad y de moralidad para dejarse hacer lo que un extraño quisiera? ¿Dónde lo harían en un hotel, en su casa o en la de él?
Pilar -dijo Rafael con dulzura interrumpiendo sus pensamientos al mismo tiempo que le retiraba la silla donde ella se encontraba sentada- olvidé decirte que soy gay ¿te importa?

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